Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que traje a casa mi primer negrito, siempre había tenido cierta fobia contra estos guarros por que mis amigas me decían que no sabían follar. Pero fue otra mi sorpresa cuando el guarro al que traje a casa desenfundo su arma y me enseño una lección muy importante que nunca olvidare, las apariencias también engaña.
